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Sentimientos y amores compartidos

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  • Manuel Fregola Navarro
Actualitzada 27/08/2018 a les 10:21
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Ya es verano y a lo lejos ya se ha encendido la aurora, su luz de rubí arde en silencio, cubierto de penumbras y sombras.

Mi corazón late con fuerza, recuerdo aún mi primer beso, mi primer abrazo, mi primer pecado.

Dibujados en mi mente, solo hay los recuerdos amados, de poesías compartidas y de lágrimas vertidas en espejos de coral de plata.

Eres un sueño que deseo, donde duermen mis besos, sobre tus pies dormidos.

Eres la lluvia que mojan mis ojos, que van acariciando suavemente mis dudas y penas.

Y yo, llorando, te doy mi mano.

Y tú me la coges, y me pintas flores. Mi vida es tuya, y la escribo en un solo poema, entre lágrimas y risas.

Somos el sabor de un vino añejo, el sabor de una tierra olvidada, el perfume convertido en locura.

Pero yo vuelvo para perder... ¿qué importa?

Porque es un castigo padecer y amar al mismo tiempo, donde esos besos que no encuentras se vuelven en verdades ocultas y donde redimes tus carencias.

Es el lado oscuro de la luna.

Donde pasas noches interminables de llantos, donde los suspiros no encuentran una mano y un abrazo que te den consuelo.

¿Cuántas personas tienden puentes para poder llegar a esa luna y poder dar esos amores no compartidos?

¿Y cuántas veces hemos mirado al cielo, buscando una estrella que tenga alma divina, que baje y que pegadita en nuestras manos curen nuestras llagas?

Son sueños que vienen y van, donde nuestros pasados se olvidan y el cariño vuelve, o quizás, ya no vuelvan más.

En el lado oscuro de la luna, todo es posible... solo faltan esas fragancias de amores, que nos den una vida eterna.

Llevo días eternos esperándote, pero tú no llegas, es una larga agonía, y lloro tu ausencia, tú sabes que es mi última partida.

Mis ojos tristes se abren como resortes implorando que tu caballo no mate mi alfil, y que el jaque mate no me deje vencido y humillado para siempre.

Querida mía, quizás sea mi destino, no lo sé, aunque siento tu voz jugando dentro de mis oídos, me vas susurrando en silencio palabras que me brindan amores no compartidos.

La partida se alarga y mi corazón sale palpitando, va en busca de mares que, entre sus olas azules, aparten nuestro destino en el tablero de juego.

Quizás sea el momento de esparcir, suavemente, esos ecos vespertinos que alentaron nostalgias pasadas, y que iban recogiendo por el camino, quiméricos sueños hermosos que nunca despertaron.

Sabes que mis manos son tuyas, tus arrugas mi destino y nuestros labios amados.

Tú ya lo sabes, y yo, lo intuyo.

Pero me niego a llorar de nuevo, ya es verano, y voy viendo como sufre la sequía sin lluvia, y como dejo de ver tu sonrisa y tu piel desnuda.

Solo soy, ante tus ojos, una turbia espuma sobre un lago que a golpes de remo, mi barca vacía se desliza en llantos eternos sobre la ribera.

Son aires de calor, de fuertes soles, que van arrastrando mi débil cuerpo sobre el camino, donde mis vacilantes pasos desgranan murmullos lejanos que penetran en tierra quemada.

Son campos de espigas y mieses doradas, tiempos de cosechas y de recuerdos de infancias puras y de bellas heridas, ya olvidadas en el espejo de mi alma. Y entre sus paisajes secos, se oyen a veces, en sus horas vespertinas, voces y ecos de un pasado misterioso, que las leyendas del lugar han hecho suyo con insistencia, de un tiempo ya perdido sumido entre tinieblas.

Sus sombras viven felices, porque son inmortales, ya nadie se acuerda de sus vidas, y van durmiendo en un olvido silencioso entre sus paredes de siglos milenarios.

Son ánimas danzantes que recorren sus campiñas, sus castillos y torreones, que solo se despiertan al anochecer, ellos y ellas nos recuerdan, amada mía, que algún día tuvieron vida humana, y ahora sus huesos duermen bajo tierra.

Son solo leyendas, donde sus paisajes están esculpidos de ignotos reinos, que algún día vivieron lances sangrientos, de banderas gloriosas y de causas injustas, de pléyades de guerreros que dieron su vida abrazándose a su última luz.

Por eso todos, amor mío, un día no muy lejano, seremos leyendas dentro de un paisaje, porque la vida es solo tiempo y espacio, y lo demás son solo sueños.

Y son esos sueños de amores compartidos como los que tienen Juan y Ana:

Juan tiene un pequeño huerto, y como cada día, tijeras en mano, va cortando esas flores que ha cultivado de vivos colores y de dulces fragancias.

Con manos temblorosas y marcadas por el paso del tiempo, intentará como siempre hacer un bonito ramillete para su amada Ana.

Juan, silencioso y pensativo, se dirige caminando hacía su casa, él sabe que sus pisadas son solidarias, llenas de amor y alegría.

Ya en el pequeño portal le espera como siempre su esposa, siempre a la misma hora, al escucharle sale puntual a su encuentro y aleteando sus manos como frágil mariposa le abraza amorosamente y espera impaciente el delicado presente.

Juan, amante de alma pura, juega por un momento y agita varias veces con sus manos al aire el ramillete de vivos colores, ella no puede verlas, pero su olor lo percibe al instante, su corazón con fuerza late y coge entre sus tiernas manos, suavemente, las hermosas flores.

Y de su boca salen solo dos palabras...: “Te quiero.”

El amor no tiene medida para el tiempo, germina y florece en una hora feliz (Theodor Körner, poeta alemán).
 
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