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Interior de un convento

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  • JUAN FERRER
09/09/2018 a las 05:21

Interior d’un convent

SEGRE

Si en 1978 el realizador polaco Valerian Borowczyk incomodaba a muchos con su película Interior de un convento, convirtiendo un lugar de espiritualidad en un dechado de puro erotismo, ahora se tira de la madeja de El conjuro 2, donde una monja maligna ya hacía sus pinitos, adquiriendo aquí un protagonismo absoluto dentro de esos informes Warren que comienzan a ser una mina llena de vetas. La historia nos retrotrae al 1552, cuando aparece el mal para convertir en maldito un convento de clausura allá en los Cárpatos rumanos, lugar donde se abre una puerta del infierno, algo que la sangre de Cristo en manos de los cruzados evitará por unos siglos. Años después, el suicidio de una religiosa hace que el Vaticano envíe a un especialista en casos oscuros y exorcismos, y a una novicia elegida por su pasado visionario. A esta pareja se le suma un joven francocanadiense que vive en la zona, dando inicio tanto a las investigaciones como la tortura psíquica y física de los tres personajes en el interior de ese lugar repleto de horrores. Hay sustos de todo tipo, música lúgubre, pasadizos sombríos, encuentros continuos con el mal, y momentos histéricos que llegan incluso a molestar por cargantes al esparcirlos sin sentido, destinados a llegar a una especie de enloquecedora catarsis final. La ambientación es elaborada, provoca intranquilidad, pero el guión está plagado de tópicos y eso, a parte de una torpe realización, le resta posibilidades a una película que juega a la eterna lucha entre la fe y lo sacrílego, pero cada vez más descaradamente, donde lo profano ya se encuentra entre los muros de la cristiandad, aunque todo hay que decirlo, por ahora con bastante impericia.

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